Cómo controlar el ladrido de nuestros perro
Se debe hacer lo que técnicamente se denomina en aprendizaje animal “extinción” y consiste en retirar el refuerzo que mantiene la conducta; esto es, si el perro ladra para que le demos un trozo de comida o para que le abramos la puerta y hemos comprobado que deja de hacerlo cuando lo consigue, simplemente debemos ignorar estas peticiones: no hablarle para calmarle, no darle la pelota, no abrirle la puerta, alejarnos tranquilamente sin mostrar enfado o irritación y esperar pacientemente a que el ladrido cese.
Ignorar el ladrido sabemos que es difícil, pero con el tiempo, cuando compruebe que no consigue lo que quiere dejará de utilizarlo. Hay que advertir que cuando retiremos el refuerzo, la conducta, en este caso el ladrido, aumentará significativamente en intensidad y duración, pero si somos consistentes, pacientes y no cedemos, el ladrido disminuirá hasta desaparecer (curva de la extinción).
Podemos también cambiarle el chip: darle el premio cuando se haya cansado y esté tranquilamente sentado en su sitio para que entienda que esa es la forma en la que consigue lo que desea y no poniéndose nervioso o ladrando.
Ante el ladrido emocional
La extinción propiamente dicha no funciona. Al haber un problema emocional interfiriendo de fondo, es necesario prestar atención a dicho estado emocional para conseguir resultados.
Una pauta general para todos los perros que generan conductas inadecuadas a raíz de estados emocionales negativos es hacer ejercicio físico habitualmente ya que de esta forma, entre otras cosas, estaremos eliminando estrés residual en el perro. Además, el adiestramiento o los deportes específicos como el agility son especialmente recomendables ya que les mete en el rol de trabajo y les ayuda a gestionar sus estados emocionales.
Por otro lado, debemos determinar y clasificar las situaciones en las que el perro genera ese estado de estrés y actuar en consecuencia. Algunos ejemplos son:
1. Por soledad-aburrimiento:
El perro pasa mucho tiempo solo y sin distracciones. Para intentar mejorar su estado, además del ejercicio físico, podemos introducir juguetes interactivos, hacer trabajos de olfato, adoptar otro perro para que le haga compañía de carácter más tranquilo, hacer deporte con él…
2. Por miedo a situaciones:
Personas, viaje en coche, perros, petardos, etc. Estos casos son más complejos ya que requieren que se trate el miedo a dichos estímulos primero para conseguir resultados positivos a largo plazo. El ejercicio, la distracción y los trabajos de olfato siempre mejorarán el problema, pero siempre tendrán que realizarse trabajos de gestión emocional para poder acercarse al estímulo temido sin que genere el miedo o la ansiedad causante de los ladridos. Muy importante no castigar, ni regañar, ni acariciar al perro en estas situaciones. Hay que intentar mostrarse tranquilos y salir de la situación temida sin hacer aspavientos y de forma calmada para evitar que el perro aumente la intensidad de su respuesta.
3. Por territorialidad (vive fuera en el chalet y ladra a quienes pasan cerca de la valla):
Lo primero que debemos aconsejar es poner una valla donde el perro no vea continuamente todo lo que pasa ya que si no lo hacemos el perro cada vez que ladre creerá que consigue lo que pretende: que el intruso se vaya, que el perro se aleje…, por lo que es una conducta que se retroalimenta.
Normalmente este tipo de perros pasan mucho tiempo solos y en muchos casos no realizan el gasto energético necesario. Es importante recalcar que aunque tenga terreno para andar, para hacer sus necesidades, los perros necesitan explorar lugares nuevos, relacionarse socialmente con otros perros y hacer ejercicio físico para tener un estado emocional saludable. Por lo tanto, recomendamos, una vez más, hacer paseos largos con el perro, realizar actividades que impliquen gasto energético como buscar algo que le guste, perseguir jueguetes y plantearnos un adiestramiento suave como forma de favorecer el autocontrol.
Qué no recomendamos
Gritarle, regañarle o golpearle ya que generaría respuestas emocionales negativas que ya hemos visto que interactúan de mala manera con el problema.
Acariciarle o premiarle con atención o cariño para no reforzar dicha conducta.
Pedirle una orden estática: sentarse, tumbarse, etc. Ya que si la orden no implica movimiento lo único que conseguimos es hacer presión pasiva de la motivación que a la larga empeorará el problema.
Usar collares para generar dolor para que cese el ladrido ya que podrían tener consecuencias indeseables al intentar resolver un problema actuando sobre los síntomas y no sobre la causa. Sin duda es posible que el perro en ese momento cese de ladrar, pero estará generando más energía residual y tenderá a generalizar los miedos empeorando a la larga su estado emocional.
Además los collares de descargas y collares de púas utilizados para que cesen determinadas conductas (ladrido, agresión, etc.) son por definición contraproducentes, ya que son generadores de conducta; esto es, se utilizan en modalidades deportivas para que el perro muerda más fuerte, ladre más alto, etc. Actualmente existen trabajos muy interesantes sobre el uso del collar de impulsos para generar conductas sociales en perros maltratados, con resultados sorprendentes. Por este motivo aconsejamos el uso de este tipo de técnicas sólo por profesionales que conozcan las implicaciones teóricas en las que se basan.
Como siempre os decimos desde NSMP, os aconsejamos consultar con un profesional si el problema persiste en el tiempo o se agrava por las razones que sean. Antes de plantearnos soluciones drásticas ante situaciones insostenibles, pedir ayuda.
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Ana Jiménez Fernández
Licenciada en Psicología y Adiestradora Canina
